¡Yo me quedo con Mr. Darcy!

Es una verdad universalmente conocida que todos deseamos escapar. Yo escapo siempre a mi libro favorito: Pride & Prejudice.

Cuando descubrí Lost in Austen hace unos años, la adopté casi al instante como mi escape, mi relax combatiente y abanderado frente al estrés universitario y/o la tristeza por amores perdidos en la tierra y el cielo. Y para ambos, era efectiva la dosis de Austen, Mr. Darcy y realidades cruzadas.

Siendo como soy una encantada con los amores de novela, las historias de damas independientes y caballeros dispuestos a todo por la mujer amada, es difícil no dejarse seducir por la idea de entrar en el mundo de Orgullo y Prejuicio y tomar –de cierta forma– el lugar de Elizabeth Bennet.

Amanda Price y Elizabeth Bennet
Amanda a Elizabeth: «Eres el personaje de un libro».

Pero más allá de tener la oportunidad de decirle a Mr. Darcy las verdades en su cara y caer luego rendida de amor por él, está el hecho de conocer desde adentro la época de Regencia, sus costumbres, sus reglas, el humor fascinante y la libertad dentro de los estrictos modales.

Como bien decía Amanda: el cortejo bajo la mirada del chaperón. Y es que sus palabras las podemos tomar y colocarlas en nuestra boca, o al menos yo, pues me identifico con lo que le dice a su madre respecto a su fascinación: «No estoy encaprichada con Darcy… Lo que amo es la historia de amor. Amo a Elizabeth. Amo los modales y el lenguaje… la cortesía. Se ha convertido en parte de lo que soy y de lo que quiero.»

Primera mirada <3
Primera mirada ❤

Y he ahí el meollo del asunto, sabemos bien que (literalmente) no vendrá nuestra adaptación favorita de Fitzwilliam Darcy en su caballo a «rescatarnos» de nuestra era; lo que nos atrapa de él es lo que significa junto a Elizabeth, es el camino lleno de emboscadas que recorren juntos para finalmente tomarse de las manos… y no hablo de un final dramático digno del teatro (que también me gustan los sucesos así), sino de una historia sensible e inteligente en donde los personajes actúan de acuerdo a sus principios y evolucionan a partir de ellos.

Y es que yo estoy en mi gloria cuando me pierdo en las inmortales páginas de la novela, o me enamoro por enésima vez de la película protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen. Puede ser también que una tarde-noche me divierta con Bride & Prejudice (Aishwarya Rai y Martin Henderson) y ya, claro… termino embelesada por la famosa miniserie de la BBC (Jennifer Ehle y Colin Firth). Siempre hay más: tenemos para rato, puesto que cada cierto tiempo hay algo nuevo que ver o leer.

De las últimas lanzadas está Pride and Prejudice and Zombies, la cual me sorprendió para bien… Y es que Sam Riley estuvo perfecto, al igual que Lily James como una Lizzie testaruda y algo enojona (o.O). En fin, tal vez exista una sobre-explotación de la historia base, pero –a fin de cuentas– las disfrutamos de alguna u otra forma.

¡La historia se va por la borda!

Amanda Price (Jemima Rooper) es una joven independiente que trabaja, tiene novio y vive como cualquier otro ser en su Londres. Mantiene sus estándares muy altos por soñar con Mr. Darcy, pero no se ha estancado esperando a un príncipe: ella vive.

Un extraño día encuentra a Elizabeth Bennet en su bañera y ambas intercambian lugares por accidente: Miss Bennet para el siglo XXI y Miss Price para vivir su sueño loco de meterse en su novela favorita.

Amanda

¿Y qué fan enamorada no saltaría de alegría al menos al principio? Aunque el «pero» ya viene en el bolsillo del pantalón: ¿Sobreviviríamos en el siglo XIX? No es solo el romance, es la vida misma… las costumbres, las reglas de comportamiento, el lenguaje, la etiqueta, la salubridad. Recuerdo que lo primero que me impactó fue cuando nuestra nueva protagonista solicita cepillarse los dientes. Jane le presenta lo que usará: yeso, ramas de abedul y sal. Sí, sí, me causó mucha gracia, pero lo chévere de esta producción (aparte de la comedia) es que te hace pisar tierra.

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Francamente, habría que sacrificar mucho, ¿verdad? Sin embargo, Amanda hace lo posible porque la historia siga su curso, es decir, tal y como ella la ha leído. No obstante, las cosas se salen de control porque todo se pone de cabeza. Y es que vemos un Mr. Bingley enamoradizo que intenta acercarse primero a la pelirroja recién llegada. Luego tenemos a un Mr. Collins siendo repulsivamente odioso (se les pasó la mano, creo) y entrometiéndose entre los tímidos tórtolos ya conocidos.

Y… ¡Darcy! Mr. Darcy es especialmente antipático; digo, ya sabemos que lo es, pero sí que dan unas ganas de plantarle unas cuantas verdades a la cara y alguna que otra cachetada. Elliot Cowan es bastante correcto como el poco carismático caballero de Pemberley. Y vaya que su personaje me cautivó: desde caerme mal, mal a amarlo platónicamente y no saber si quedaba con Lizzie o Amanda.

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La mayoría de los papeles toman rumbos inesperados y sus destinos nos hacen reír, preocuparnos o llorar. Mr. Wickham (Tom Riley) es a quien posiblemente más se pueda querer en el transcurso de los capítulos (sí, por más difícil que parezca). Ya me andaba alucinando yo siendo rescatada por mi oficial vestido con su chaqueta roja. Ja, ja.

Amanda encuentra aliados cuando los únicos conocidos que tenía le dan la espalda y se halla sola en un lugar extraño; es aquí donde Mr. Bennet y Wickham toman actitudes inusuales y muy comprensivas para con una joven desconocida y peculiar. Ambos la ayudan y hasta pareciese que también hubiesen cruzado esa puerta tras la bañera.

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Mr. Wickham, Mr. Darcy y Mr. Bingley

El problema con la chica era su «vulgaridad» respecto al lugar donde se hallaba, sus exclamaciones desesperadas cuando las cosas salían mal y distintas a la novela. Sus arranques en fallidos intentos por encaminarlos a todos. Y claro, yo partiéndome de la risa (:P).

Me encanta esta miniserie y la veo siempre que puedo, pero –como dije antes– es mi escape además. Me enamora ese momento cumbre en el que Amanda y Darcy se conocen… ese suspenso escondido y que sale del corazón hasta que voltea y se miran fijamente. Adoro los bailes, los vestidos de ensueño, los trajes elegantes de los caballeros… el toque suave de los guantes y las manos, las miradas, los gestos.

El baile de Meryton
El baile de Meryton

Y es por ello que Lost in Austen me hace olvidar los problemas, al menos mientras duran los capítulos, porque me carcajeo de lo mejor con las ocurrencias de la muchacha y sus metidas de pata; así como Darcy, junto a su humor extraño y picardía. Amo los finales felices, las reconciliaciones justas, los padres amorosos y madres cariñosas… las hermanas ruidosas y buenas, las salvadoras resolviendo todo. Digo esto último por Lady Catherine también, puesto que ella suelta opiniones interesantes y ofrece una especie de Deus ex machina al resolver el embrollo Jane-Collins.

La época que nos relata nuestra querida Jane Austen está dos siglos atrás, pero nos enamora y arrastra hacia ese conducto maravilloso que nos lleva por el amor suspendido en el tiempo, el eterno, el real.

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